No sé que me ocurre con los bolígrafos, no aguantan mucho a mi lado, aunque es cierto que en ocasiones encuentro bolígrafos por la calle.
A los reyes medievales, les gustaba pensar que sus linajes tenían algo que ver con lo divino, después de todo, el haber nacido con tanto privilegio no podía ser otra cosa que un Don de Dios.
El Rey francés Felipe II (1179 - 1223), llamado Felipe Augusto por los franceses, se consideraba a si mismo como de algún modo, divino, el carácter sagrado de los reyes, terminó cuando el monoteismo reguló las relaciones entre Dios y los monarcas, si solamente hay un Dios, entonces un rey no puede ser más que un mortal muy afortunado.
Aunque bueno, si no semidios o similar, al menos ser ungido en la coronación.
La única opción para un rey en occidente, era ser un Santo y muchos reyes han llegado al santoral y Felipe II también quería ser Santo.
Y el caso es que se le atribuían milagros, tres milagros, narrados por un monje en el libro : "Gesta Philippi Augustus".
Estos milagros fueron los siguientes:
Este comentario en el blog, tiene que ver con uno de los pasajes bíblicos más obviados y a la vez más mencionados.
El éxito de un mago, es que la gente preste atención a lo que el mago quiere que la gente observe.
Mateo 24 es el mensaje escatológico de Jesús de Nazaret, si bien el cristianismo para lo escatológico se fija en el libro del Apocalipsis, esta revelación escatológica no tiene desperdicio, El autor del evangelio, lo cita porque quizá tuviera que ver con el discurso real e histórico del Jesús de la historia, pero envuelve el pequeño fragmento de Mateo 24:34, con la necesaria esperanza e incertidumbre, citando a las amigas de la novia que se quedan sin aceite en las lámparas.
En el versículo 34 dice: "...en verdad os digo, que no pasará esta generación, hasta que todo esto se haya hecho..."
Es decir, todas las tribulaciones y cosas tremendas, tendrían que ocurrir en un espacio de tiempo muy corto, tanto que la generación de personas que estarían escuchando esas mismas palabras de Jesús, experimentarían la experiencia.
En el versículo 35 dice: "...el cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán..."
este versículo 35 es ampliamente comentado y podremos encontrar mucho escrito en internet, pero se pasa de puntillas sobre el versículo 34.
El mensaje escatológico de Jesús, transmite una idea de inmediatez, debió de ser el mensaje original de Jesús , por la obligada inclusión del mensaje, pero el tiempo fue pasando y aquello no se produjo, entonces el autor del texto, se ve obligado a incluir el requisito de la espera y la confianza,
versículo 48 "...Mas si aquel siervo malo en su corazón -mi señor se tarda-, el siervo será azotado por el señor cuando regrese inesperadamente,
O en el capítulo 25 "...El reino de los cielos, será semejante a diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo..."
Aquí se habla de algunas vírgenes que no cogieron aceite de reserva y las lámparas se le apagaron.
El mensaje del autor del texto, transmite una consigna clara, si la llegada del hijo del hombre se atrasa, hay que esperar.
No pasaría nada, si las palabras expresadas no hubieran sido de Jesus.
Un cristiano se podría tomar en serio o no el texto del Apocalipsis, que después de todo, es un texto para infundir esperanza,
Pero el texto escatológico más relevante es este del capítulo 24, porque si lo desdeñamos, tendríamos que desdeñar otros pasajes, en los que se atribuyen expresiones a Jesús.
. ¿Se equivocó Jesús? Yo tengo la impresión, de que ese Jesús del versículo 35, es el autentico Jesús histórico. Un rabino que creía en la inminencia del reino de Dios y se atrevió a expresarlo y sus seguidores judíos creían en ello, apelando a la necesaria confianza en que ese acontecimiento ocurriría, aunque la generación de personas que escucharon ese mensaje, ya estuviera muerta.
Los primeros seguidores de Jesús, (judeo-cristianos), todos ellos judíos, tenían la convicción, de la inminencia del reino de Dios, tras la muerte de Jesús, se crearía la esperanza de que la llegada del reino de Dios, sería a la vez la llegada del hijo del hombre, es decir, de Jesús.
Cuando ponemos en duda la condición de mesías de Jesús, lo hacemos pensando en las condiciones que deberían de cumplir para ser considerado como tal, pero ¿Podría ser que sus seguidores, lo consideraran mesias desde otra perspectiva? no tanto política sino espiritual.
Una de las preguntas que suelo hacerme, en relación con Jesús y sus seguidores judíos, es ¿Por qué seguían a Jesús?
No siendo el líder político que esperaba la mayor parte del pueblo judío fariseo, cabe pensar, ¿Fue ese aspecto escatológico lo que aglutinó en torno a él a esas comunidad que creó?
Porque los historiadores judíos, señalan que no es cierto que no hubieran judíos que le reconocieran , como dice el evangelio de Juan.
Jesús tuvo seguidores, todos ellos judíos, que observaban las reglas comunes a los los demás judos.
Para un judío, Jesus fue un rabino buen interprete de las enseñanzas de la Torá, para un cristiano es una deidad con una función redentora.
El cristianismo "cristianizó" a Jesus, lo extrajo de su tradición judía, para reinterpretarlo al gusto de la nueva religión emergente, gentil y desde la perspectiva judía helenizada y mistérica.
Para eliminar la confusión , que se produce cuando hablamos del cristianismo original, voy a usar la expresión judeo-mesianismo, a los seguidores judíos de Jesús y cristianos, a los seguidores de Jesus, que se separaron de la comunidad judeo-mesiánica, para desarrollar una nueva religión.
En un principio todo era judeo-mesiánico, una secta, es decir, una parte separada de una comunidad principal, que mantiene las características de esa comunidad principal, más aparte, algunas características propias, que es lo que vienen a definir el carácter de la secta.
Debido a que el nuevo testamento, se puede considerar una obra de propaganda , además de cerrar la doctrina de la nueva religión, en la que las tesis paulinas son la protagonistas, es difícil saber mucho acerca de ese Jesús judío, pero los historiadores judíos, que empiezan a tomarse en serio la labor de su estudio, como Mario Saban, lo definen como un excelente rabino fariseo,
Digo esto, porque el autor del texto que estoy comentando, (el versículo 34), podría haberlo omitido, pero no lo hace y no lo hace, supongo, porque esa creencia en la inminente llegada del reino de Dios y del hijo del hombre, era fundamental para esa comunidad judeo-mesianica. pero el autor del evangelio, necesita recurrir a la necesidad de saber esperar, si la parusía se retrasa, hay que esperar con fe., porque puede ocurrir en cualquier momento.
Los primeros seguidores de Jesús, creían en la inminente llegada del reino de Dos, incluso el mismo Jesús lo creía así, como hemos leído.
Aquellos primeros seguidores, no tienen problema en venderlo todo e integrarse en la comunidad de creyentes, que esperan juntos ese evento.
Pasa el tiempo y la parusía no llega, primero se considera que es un retraso y que lo importante es saber esperar con fe; después, llega la exegesis de que el reino de Dios esta en cada persona, en el interior de cada persona.
He leído a exegetas decir, en esa linea de acomodamiento, que el Cristo que ha de volver sería el propio reino de Dios, ya que el regreso de Jesús y el advenimiento del reino, serían la misma cosa, por consiguiente, esperar el regreso físico de Jesús sería un error.
Los primeros seguidores de Jesús y luego los primeros cristianos, habrían pasado de creer en el reino visible y tangible, al invisible y presente en cada persona, (ver Lucas 17:21), a la espera de que sea aflorado.
Ese reino estaría oculto y se crean interpretaciones que invitan a pensar, que es algo que se puede desarrollar, que depende para su manifestación, (la del reino de Dios), en la calidad del terreo en la que la semilla cae. (ver Mateo 13:24 34).
Esta exegesis fue pronta, porque la parusía prometida por Jesús no llegaba y había que reinterpretar y convertir en espiritual, lo que en principio era algo que se podría ver y experimentar físicamente.
La pregunta es obligada:
¿Querría Jesús, que se reafirma en la ley de Moises y que espera la inmediata llegada del reino de Dios, crear una religión nueva, crear el cristianismo?
Yo entiendo que no; tampoco sus seguidores, aquellos en lo que creían, no era en una doctrina a desarrollar, sino en el advenimiento inmediato de la parusía.
La nueva religión se fue desarrollando, en la medida en la que se desarrolla una exégesis no de la expectativa sino de la esperanza y en la medida, en la que la influencia cultural griega toma fuerza y en la medida, en que los judíos de la diáspora y gentiles, por no enemistarse con Roma, desarrollan favorecen una doctrina que rompe con sus raíces judías.
LA MULTA…
Subí las escaleras corriendo, había dejado el coche aparcado en una zona prohibida.
Abrí la puerta y entré como un “cohete” hacia la cocina, había dejado allí el teléfono móvil.
Al volver hacia la puerta de la casa, pasé junto a la figura de una cabeza tallada en madera; me pareció que levantaba las cejas con expresión de desagrado.
Me sorprendió y me quedé observándola sin apreciar nada raro; al fin y al cabo, es una figura de madera.
Le dije a mi cerebro que me dejara de líos que tenía prisa; sin embargo y a pesar de que era imposible, habría jurado que la talla de madera movió las cejas.
Al bajar a la calle, vi que mi coche estaba siendo multado por un policía de tráfico; es inútil poner excusas, lo mejor es dejarle redactar la multa y acabar, no tenía tiempo de discutir con un policía.
Cuando me dio el resguardo de la denuncia, el papel era rosa tirando a fucsia, me sorprendió y al levantar la mirada... la cara del guardia era redonda, completamente circular y blanca y unos labios enormes cubrían la parte inferior del círculo.
Me sentí mareado, raro, algo asustado también, caminé hacia el coche sin querer mirar a mi alrededor, abrí la puerta y entré.
Fuera estaba el guardia, ya con el aspecto normal que todo guardia debe tener; me miraba fijamente, desconfiando de mí por algún motivo.
—Tiene que ser un sueño—pensé —, una pesadilla, tengo que despertar y todo será normal.
De manera que me quedé quieto al volante, veía como las gentes y el guardia me miraban, todos me observaban y yo me reía de ellos.
—¡Idiotas residentes en mi imaginación, iros a la mierda!— , les dije yo.
Entonces el guardia se me acercó decidido y me dijo:
—Salga usted del coche por favor.
Me quedé dentro del vehículo y observé que a mi alrededor se amontonaban ojos, sólo ojos, ni bocas ni orejas, sólo ojos que me observaban.
Me enfadé, salí del coche airado y la emprendí a golpes con esos ojos; gritaba:
—¡Ya está bien pesadilla asquerosa, vete ya!
Escuchaba sonidos que no podía identificar y de pronto, caí al suelo y las cosas a mi alrededor volvían a ser reconocibles.
Entre varias personas me habían reducido, estaba de cara al asfalto con los grilletes puestos en mis manos, pegadas a la espalda.
Ante mis ojos caminaba una hormiga, indiferente a mi presencia, se me ocurrió pensar en que quizá otros ojos me observaban y yo era tan indiferente a su presencia, como la hormiga era indiferente a mía.
Mientras, las cosas pasaban sin importarme mucho, yo reflexionaba acerca de la existencia de la hormiga y de cómo ella hacía su vida, sin saber de mi existencia y de que muchas compañeras suyas, habían sido aplastadas o gaseadas por gentes de mi especie.
Recuerdo que me llevaron a algún lugar, me transportaron de allá para acá, se preocupaban por lo ocurrido conmigo; imagino, porque recuerdo a alguien haciéndome preguntas que no acabo de recordar, pues a medida que reflexionaba acerca de la hormiga, todo cuanto ocurría me iba siendo indiferente.
La modernidad la desplazó fuera del tiempo, la antigua carretera se transformó en una autopista dejándola aislada e invisible.
La taberna, de aspecto exterior descuidado, rodeada de silencio y quietud, evidenciando decadencia y abandono.
El interior era un espacio sin apenas luz, predominando los tonos marrones y cuadros con temas de caza o paisajes, ciervos, bosques y algún bodegón.
Mesas y sillas de madera con asiento de esparto, apenas algún cliente frente a un café o una cerveza y todos ellos, parecían encontrar en aquel lugar algún tipo de cómodo, extraños, ausentes; figuras estáticas en un decorado decadente.
Algo perdido entré en el local, la primera persona en la que me fijé, fue Dos Batallas, como me enteraría más tarde que era el modo en que allí se le conocía.
—¿Como descubriste este lugar?—le pregunté animado por la curiosidad.
—Me lo encontré—, respondió.
—Yo también, me equivoqué de carretera y me encontré con este lugar.
—La encontramos o nos encuentra —, me dijo —Topamos con esta taberna y nos atrapa, quizá sea una especie de estación término.
—Yo llegué huyendo de mis salvadores.
—Vaya— , respondí sorprendido e intrigado.
—¿Y tú porque has venido?—, me preguntó.
—Porque me gustó el primer día y sentía deseos de volver.
Asintió con la cabeza, pero en su expresión de ojos había una frase, sostenida con sus cejas y sus pupilas, que no llegué a traducir.
—Todos tenemos un motivo— dijo —, aquí todos nos detenemos porque ya algo nos trae, o nosotros mismos hemos decidido detenernos.
Me aburrían las personas que juegan al enigma, pero entendí en sus palabras, que yo también poseía un motivo para estar allí.
—Desconozco mis motivos, en el caso de que los tenga— le dije.
—Puedes estar seguro.
—La tranquilidad del campo es muy hermosa, sí—le dije yo.
—No, no es eso...—, me negó con un gesto entre la tristeza y la náusea, como si la evocación de lo dejado atrás le punzara dolorosamente.
—Espero no haber dicho nada inoportuno — le dije, al observar su reacción.
La mar en la oscuridad de la noche, es como una unión armoniosa entre el universo y la tierra, un nexo mágico de rumor de sal y nostalgias.
Fondeado en el centro del universo, esperé el ocaso definitivo, cuando la llama de la vela tocara la goma de la gasolina.
A mi cabeza vinieron a pasear recuerdos amables, un carnaval de sonrisas almacenadas, rostros alegres de todas mis edades, un extraño sentimiento, mezcla de melancolía y de satisfacción inundó la popa del velero y floté feliz en él.
La voluntad es más fuerte que la razón y cuando ésta no posee argumentos, derrumba todo a su paso como el viento de Marzo.
La razón no encontraba palabras para evitar mi deseo de vivir esta ceremonia de despedida. Y paso a paso fui dándole forma y completándola.
La melancolía y el deseo del amor que perdí, fueron las manos que ayudaron a que ahora estuviera allí, inmerso en la oquedad cósmica.
El rito se iba cumpliendo y el final se acercaba como te acercas a la ventanilla de un cine, tras esperar mucho tiempo detrás de una espalda que ni conoces ni te importa y con la que compartes la visión cada vez más cercana de la entrada.
Sumergido en la melancolía, dormidos mis sentidos, ajenos ya a sus funciones que parecían saber acabadas.
El trueno rompió el sonido del Ave Verum Corpus, que enmarcaba el momento trascendental, la música que yo había dispuesto para cerrar el rito de despedida se había ajustado al rito.
La explosión quebró la pequeña embarcación, el final se precipitó y mi corazón golpeaba con la dureza del metal.
El agua pronto inundó la bañera y me vi sumergido.
—¿Eres familia del propietario?
Ella secaba unos platos con un paño, levantó la mirada, hizo un gesto, encogiéndose de hombros, el gesto que normalmente usamos para dar a entender que desconocemos algo.
Me quedé observándola, su estatura no superaba el metro medio, gordita, sus pechos eran carnosos, tersos y se asomaban por el escote de la camiseta de tirantes.
Debí de ser demasiado descarado, ella se puso frente a mí y me preguntó. —¿Así mejor?
—¿Como? No entendí así de pronto, pero me di cuenta a los pocos segundos.
Ella rió y se fue.
—Perdona si te he molestado.
—No tiene importancia.
—¿Como te llamas?
Pero ella se mantenía distante, en silencio, sin querer tomar ese contacto.
Desistí y me limité a disfrutar del café.
Al poco tiempo entró La Señora, se apoyaba en un bastón negro de madera.
Lentamente, se desplazaba por el local, hasta que se acercó a una mesa; la muchacha, al verla entrar salió de detrás de la barra y fue a su encuentro ayudándola a sentarse, entonces la vi sonreír, había mucha familiaridad entre ellas.
Durante unos segundos se quedaron mirándome, no sé de qué hablaban, pero me molestó que quizá estuvieran hablando de mí.
Regresó sonriendo a su labor tras la barra y me miró.
—Me puedes llamar Ashar.
—Qué exótico—dije sonriéndole—es un nombre extranjero, ¿verdad?
—Sí.